El exceso visual de carteles, antenas, tendidos eléctricos o elementos arquitectónicos inadecuados perjudica a los ciudadanos y al medio ambiente.
La contaminación visual se refiere a cualquier elemento que
distorsione la observación del paisaje natural o urbano. El cerebro humano
tiene una determinada capacidad de absorción de datos que se ve superada con la
sobreestimulación de dichos elementos.
Los causantes de este tipo de contaminación son muy
variados, tanto en ciudades como en la naturaleza, y no sólo en la superficie,
sino también en espacios subterráneos como parkings y metros: publicidad en
forma de letreros, anuncios, pantallas de televisión y proyectores multimedia,
vallas publicitarias; cableados, instalaciones y tendidos eléctricos
enmarañados; parabólicas y antenas de televisión o de telefonía móvil; aparatos
de aire acondicionado; edificios deteriorados o diseñados incorrectamente;
tratamientos de pavimentos, parterres o espacios públicos y materiales para
edificación inadecuados; amontonamientos de basuras; puestos improvisados de
vendedores, etc.
Las consecuencias de la contaminación visual son diversas.
Según el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (SEPRONA),
puede provocar dolor de cabeza, estrés por saturación de colores y elementos,
distracciones peligrosas al conductor cuando desvía la atención para ver un
cartel concreto en la carretera, o sustracción de datos de interés cuando
ocultan señalizaciones de tráfico o de tipo informativo.
La Dirección General de Tráfico (DGT) advierte también de la
falta de infraestructuras para alojar al cada vez mayor número de vehículos, lo
que en algunos casos se consigue disminuyendo los espacios destinados a
parques. Además, la falta de civismo lleva a la congestión de las ciudades,
atestadas de coches mal aparcados, que dificultan e incluso impiden el paso de
los ciudadanos y otros automóviles.
En el caso de los animales, algunas asociaciones ecologistas
mantienen que el exceso de anuncios y los colores estridentes en lugares de
paso de la fauna pueden alejar algunas especies e incluso romper el equilibrio
ecológico.
Las diferentes legislaciones, tanto la estatal como las
autonómicas, disponen de artículos que tratan este problema.
En este sentido, cualquier tipo de publicidad que ponga en
peligro la conducción está terminantemente prohibida. En el caso de los
edificios históricos y Bienes de Interés Cultural, la Ley de Patrimonio
Histórico Español de 1985 prohíbe colocar en ellos publicidad comercial, así
como cables, antenas y conducciones.
En el caso de la naturaleza, la Ley de Protección Ambiental
4/89 permite multar a las empresas que coloquen carteles que estropeen el
paisaje y el entorno de un parque natural. Por su parte, la Ley del Suelo de 1992
no consiente situar edificios o cualquier elemento que causen molestias
visuales en lugares de interés paisajístico.
Algunas instituciones han emprendido diversas acciones,
aunque según las organizaciones ecologistas todavía habría mucho más que hacer.
Por ejemplo, el Defensor del Pueblo de Andalucía elaboró en 1998 un completo
informe sobre la contaminación visual y el patrimonio, en el que apeló a una
mayor preocupación para que las licencias de obras sean respetuosas con la
normativa. Por su parte, la ciudad vieja de Pamplona cuenta con galerías
subterráneas para todo tipo de canalizaciones, lo que permite añadir servicios
y reparaciones sin necesidad de pasar por la superficie.
Cómo combatir la contaminación visual
En 2001, la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía organizó unas Jornadas sobre Contaminación Visual, en las que se concluyó que se trata de un tema complejo en el que tiene que cooperar toda la sociedad: organismos, entidades y particulares. Sin embargo, los grupos ecologistas sostienen que las diferentes administraciones no se ocupan de este problema y los ciudadanos tampoco exigen solucionarlo.
Por su parte, algunos arquitectos y expertos en publicidad ofrecen una serie de recomendaciones:
- Reducción de la cantidad de anuncios: El número excesivo de carteles hace perder el interés por los mismos, lo que tampoco interesa a los publicistas. Por ello, sería conveniente ubicar menos anuncios, más selectivos y adecuados con el medio. Por ejemplo, Atenas retiró desde el año 2000 la mayor parte de los anuncios que colapsaban la ciudad, para ofrecer a los turistas que llegaran con motivo de los Juegos Olímpicos de 2004 una visión más limpia y atractiva de la misma
- Seguimiento de normas urbanísticas racionales, evitando elementos recargados o agresivos, o jugar con la luz para dar una sensación más liviana al conjunto, como en el caso de Japón


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