La
Tierra está repleta de agua, pero casi toda es salada: no sirve para lavarse
ni, mucho menos, para cocinar y para beber.
Menos
del 3 % del agua del planeta es dulce ¡pero de ésta, casi el 70% está en forma
de hielo! O sea: hay muy poca agua potable (es decir, que se pueda beber sin
riesgo) o que es fácil de potabilizar.
El
agua es un recurso muy limitado, y lo será cada día más. La población no cesa
de aumentar. Se requiere más y más comida: hoy el 80% de los recursos hídricos
mundiales son empleados por la agricultura para producir alimentos.
Por
su parte el calentamiento global, las sequías, la contaminación, son otros
poderosos factores que están convirtiendo al agua en un bien cada vez más
insuficiente.
¿Qué
se puede hacer? Antes que nada, no desperdiciar: cada gota vale. Los cuidados
empiezan por casa y es muy sencillo lo que se debe hacer: Lavarse los dientes
con sólo un vaso de agua. Al higienizarse las manos o bañarse, cerrar la llave
durante el enjabonado. Para limpiar las verduras, usar un recipiente lleno y
lavarlas todas de una vez. Lavar el auto sólo con una cubeta, sin emplear la
manguera. Regar el jardín en la noche o muy temprano, así el sol tarda más en
evaporar el agua. Son compromisos que todos debemos asumir.
Por
su parte, tanto las empresas como los estados deben hacer lo suyo. Ser más
eficientes en el riego. Aprovechar al máximo las lluvias. Y, en general,
preservar los ambientes húmedos y el ciclo natural del agua.

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